Transcribo un texto que he encontrado entre mis notas, no se cuando lo escribí ni de que va. Pero me ha gustado.
La oscuridad lo envolvía todo, apenas sentía mi cuerpo. Pero no era como si estuviera flotando plácidamente no, ere todo lo contrario a la placidez y también al dolor, y aquello me aterraba, no podía sentir nada, pensar nada, tan solo el vacio, la oscuridad, estaba muerto? Había vuelto a la nada de la que naci?. Cada vez este estado me sumergía más y más en una vorágine de ansiedad que quemaba y consumía mi estomago. Mi estomago! después de horas cuando sentía que la ansiedad de la muerte ardía en mi interior descubrí que sentía mi estomago ardiendo. No era muy agradable pero centrarse en aquello me permitía aferrarme a la vida.
El temor a la muerte hacía que me sintiera más vivo y la vida hacía que temiese a la muerte y al dolor más que nada en el mundo. Entonces sentí, sentí, que todos mis sentidos se reactivaban a la vez para decirme que mi cabeza acababa de estamparse contra el suelo, la boca me sabía a sangre, de hecho tenía restos de sangre seca en el interior de ella. El único ojo que apenas podía abrir lo veía todo borroso y gris, mis oídos pitaban sin cesar mientras escuchaban una voz grave y distorsionada diciendo: – Que pases una buena estancia capullo. La risa que le siguió se quedo en mi cerebro repitiéndose continuamente aunque está ya hubiera cesado en la realidad, era terrible. No se cuanto tiempo pase así pero en aquel momento escuche una voz que parecía más amistosa, me pregunto si estaba bien. Note como me agarraban y me daban la vuelta lentamente aunque para mí fue el zarandeo más doloroso de mi existencia, sentí todas las partes de mi cuerpo de golpe y todas me dolían terriblemente. Durante mi último horrendo quejido vi la silueta de una cara ensombrecida y distorsionada que trataba de hablarme, pero ya no escuchaba, ya no sentía y muy pronto ya no veía.